Entrevista a Peter McLaren
lunes, 5 de julio de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
Telenovela
http://helios.dci.ubiobio.cl/jorgesanchez/blog/11.%20TRABAJOS%20FINALES/2007%20TRABAJO%20FINAL%20COMUNICACI%D3N%20AUDIOVISUAL.pdf
sábado, 30 de enero de 2010
Pensar las subjetividades mediáticas
EN “MEDIO” DE UNA COMPARACIÓN “SUBJETIVA”
A lo largo de estos últimos años, he estado saltando, a manera de juego, por distintas situaciones emocionales, por distintos momentos históricos, por distintas teorías sesudas, por distintas miradas de la misma situación: Medios y Educación, un sistema binario que lidia por ejercer el poder de el uno (1) sobre el cero (0) y viceversa; y en el medio de esta polaridad, el sujeto, que antes fue objeto-educable y que ahora es una subjetividad.
Desde luego, cada mirada, cada momento histórico, cada teoría tiene un fuerte contexto de situación y de fuerza de enunciación que son inmejorables y que, de hecho, me proponen pensar y re-pensar mi situación frente al aula, y frente al colectivo humano en general.
Entonces, se me ocurrió pensar... si es que esto puede suceder, luego de ser objeto del bombardeo de otros que piensan por mí. ¿Es posible pensar en términos educativos sin pensar en la verticalidad donde hay un emisor que es el que sabe y tiene el poder de decirlo y un otro, receptor, el que aprende?
Evidentemente, desde la Pedagogía sería imposible educar sin verticalidad, aún por fuera de las claves de las sociedades de control.
A lo mejor, seria propicia la nueva ubicación que proponen los medios. Aunque pensándolo mejor, también hay una verticalidad: hay un emisor-medio que sabe, entretiene, tiene opinión, y hay un receptor-sujeto que es entretenido, es pasivo de opiniones. No estoy pensando en el hecho de que este último pueda o no coincidir con dichas opiniones. Es más, sospecho que el emisor no está preocupado por eso, porque la brecha que los separa es justamente el medio y esta mediación hace difícil un acercamiento directo, por más que un observador del medio pueda enviar mensajes, Twitter, WhatsApp, etc. Sigue siendo una estratagema que oculta otra verdad: el medio es unívoco
¿Y pensar la educación desde la mediación psicagógica? Enseñar al/el alma (me gusta este juego de palabras, ¿dativo o acusativo?). Creo que para educar al alma de los nuevos párvulos, habrá que cumplir con algo más. Los/as alumnos/as actuales van a exigirme que muestre el alma.
De hecho, en más de una oportunidad, cuando uno está explicando, por ejemplo, la vinculación entre el Romanticismo literario argentino y Echeverría o Sarmiento, plantean la pregunta y “usted qué opina”, como si mi opinión fuera un modelo a seguir o como si buscaran un modelo a seguir. Pero mi duda arranca desde el mismísimo cuajo cuando tengo que responder, porque yo también al igual que ellos estoy subjetivado por los medios y por ideologías propias y ajenas.
Tendré más o menos información académica, más o menos conocimientos de los medios, más o menos valores que mostrar, pero sigo subjetivado. Por lo tanto, ¿qué puedo enseñar de mí que ellos ya no hayan visto?
Por otra parte, yo, maestro errante, estoy en una situación de pedagogía perpetua. Aún sigo estudiando, aún sigo recurriendo a centros del saber, aún sigo buscando, muy bien no sé qué. Borges ha hecho carne en mí: “34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar…." Estas búsquedas son modulaciones inacabables, a modo de flujo-atemporal.
Crece en mí una suerte de inmadurez insaciable. Quiero conocer al que está en frente de mí, pero, por otra parte, no deseo perder mi lugar de “poder”, por cuanto tengo en mi voz la fuerza de la autoridad conferida por el Estado, tengo el poder de dosificar el conocimiento. Y por otro lado, tengo un deseo angustiante de cambiar la homogeneidad (y las hegemonías) a la que propenden las fuerzas de la “modernidad dura” del siglo XIX, pero tengo miedo de estar equivocándome con esta nueva liquidez desamparada. Presiento que trabajo en instituciones "duras" decimonónicas incluyendo perspectivas educativas "líquidas". Poniendo vino nuevo en odres viejos (metáfora neotestamentaria).
Estoy mediatizado y subjetivado por los medios igual que mis alumnos.
En este mismo momento, yo estoy frente al procesador de texto, el cursor parpadea y la pantalla ilumina cada letra que tecleo. Mi conciencia se hace escritura, pero me exige cierta velocidad, por cuanto -en apariencia- pienso más rápido de lo que escribo, y entonces, me encuentro en una situación de rapidez y de escritura: una, sólo perceptiva (para no cometer errores de escritura) y otra, de conciencia (tratando de no cometer errores conceptuales).
Entonces, se me ocurre pensar en los monjes medievales. Ellos habrían sentido el mismo terror al verse avasallados por la nueva tecnología de la imprenta. Si bien la diferencia se encuentra en la fe en el más allá que tenían y la velocidad de cambios de los nuevos medios tecnológicos, considero que estoy en una situación análoga. Cada vez más sorprendido por las nuevas formas mediáticas y a la vez más alejado de mi centro. Antes tenía la seguridad de mi palabra, de mi tiza, del pizarrón, de la disposición de los bancos frente a mí. Hoy desconozco mi palabra, la utilidad de la tiza, de los bancos. Todo es nuevo y yo corriendo de un lugar a otro tratando de llegar a horario, porque aprendí (en el sistema educativo de los profesorados) que hay que dar el ejemplo de la prontitud. Es más no sé si es mía o de otro las palabras que digo (¿qué más da?). Me siento “el otro” y no sé si quiero volver a ser yo.
Conclusión tímida
En definitiva, comparo el uno y el cero. Uno y otro subsisten conmigo o sin mí.
Ahora bien, ¿yo, desde mi lugar/tiempo, qué podría hacer mientras busco y trato de aclarar mi lugar en este flujo inquieto?
Los medios y las formas discursivas de estas tecnologías tienen sus reglas, sus gramáticas, sus morfologías propias y, a su vez, tienen sus ideas y sus concepciones particulares acerca del mundo. Como diría Roland Brarthes tienen sus mitos (lo que se muestra) y sus ideologías (lo que se oculta).
El mundo se ve a través de estos formatos de modo fragmentado y sus rápidos discursos nos facilitan esa visión de la realidad, nos simplifican la manera de entendernos a nosotros mismos. Mastican la realidad, la convierten en espectáculo y nos vomitan sus relatos.
Es necesario, por lo tanto, alfabetizar-nos (y luego –los) acerca de esas gramáticas para poder crear o concebir otros mundos posibles. Los medios nos fagocitan si antes no aprendemos a conocerlos y a dominarlos.
Deberíamos, tal vez, despojarnos de ciertos criterios que han madurado en nuestras conciencias: “vamos a ver qué pasa”. Deberíamos observar que, lo que los niños y los jóvenes hacen con las tecnologías es manejarlas perfectamente, pero no así, las ideologías que los medios difunden.
Acaso en eso consistiría la psicología, en hacer visible aquello que es evidente, pero para eso tenemos que percibir qué es lo evidente.
El planteo es, entonces, comprender los medios, criticarlos, enseñarlos y, de esa manera, formar espíritus críticos, para consolidar conciencias civiles responsables de sus propios consumos.
“La indispensable crítica tanto de los contenidos como de las formas de seducción de los medios audiovisuales sólo resultará válida y socialmente eficaz cuando la escuela sea capaz de insertar esa crítica en un proyecto de cambio educativo de envergadura cultural.” (Jesús Martín-Barbero)
No sé si lo que dice este autor está bien, supongo (y estoy casi seguro) que sí. Pero de todos modos me gusta su planteo, su posición segura, porque hay que probar de todo en la errancia docente, en este vagabundeo dentro de un flujo espacio-temporal que no cesa.
Desde luego, cada mirada, cada momento histórico, cada teoría tiene un fuerte contexto de situación y de fuerza de enunciación que son inmejorables y que, de hecho, me proponen pensar y re-pensar mi situación frente al aula, y frente al colectivo humano en general.
Entonces, se me ocurrió pensar... si es que esto puede suceder, luego de ser objeto del bombardeo de otros que piensan por mí. ¿Es posible pensar en términos educativos sin pensar en la verticalidad donde hay un emisor que es el que sabe y tiene el poder de decirlo y un otro, receptor, el que aprende?
Evidentemente, desde la Pedagogía sería imposible educar sin verticalidad, aún por fuera de las claves de las sociedades de control.
A lo mejor, seria propicia la nueva ubicación que proponen los medios. Aunque pensándolo mejor, también hay una verticalidad: hay un emisor-medio que sabe, entretiene, tiene opinión, y hay un receptor-sujeto que es entretenido, es pasivo de opiniones. No estoy pensando en el hecho de que este último pueda o no coincidir con dichas opiniones. Es más, sospecho que el emisor no está preocupado por eso, porque la brecha que los separa es justamente el medio y esta mediación hace difícil un acercamiento directo, por más que un observador del medio pueda enviar mensajes, Twitter, WhatsApp, etc. Sigue siendo una estratagema que oculta otra verdad: el medio es unívoco
¿Y pensar la educación desde la mediación psicagógica? Enseñar al/el alma (me gusta este juego de palabras, ¿dativo o acusativo?). Creo que para educar al alma de los nuevos párvulos, habrá que cumplir con algo más. Los/as alumnos/as actuales van a exigirme que muestre el alma.
De hecho, en más de una oportunidad, cuando uno está explicando, por ejemplo, la vinculación entre el Romanticismo literario argentino y Echeverría o Sarmiento, plantean la pregunta y “usted qué opina”, como si mi opinión fuera un modelo a seguir o como si buscaran un modelo a seguir. Pero mi duda arranca desde el mismísimo cuajo cuando tengo que responder, porque yo también al igual que ellos estoy subjetivado por los medios y por ideologías propias y ajenas.
Tendré más o menos información académica, más o menos conocimientos de los medios, más o menos valores que mostrar, pero sigo subjetivado. Por lo tanto, ¿qué puedo enseñar de mí que ellos ya no hayan visto?
Por otra parte, yo, maestro errante, estoy en una situación de pedagogía perpetua. Aún sigo estudiando, aún sigo recurriendo a centros del saber, aún sigo buscando, muy bien no sé qué. Borges ha hecho carne en mí: “34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar…." Estas búsquedas son modulaciones inacabables, a modo de flujo-atemporal.
Crece en mí una suerte de inmadurez insaciable. Quiero conocer al que está en frente de mí, pero, por otra parte, no deseo perder mi lugar de “poder”, por cuanto tengo en mi voz la fuerza de la autoridad conferida por el Estado, tengo el poder de dosificar el conocimiento. Y por otro lado, tengo un deseo angustiante de cambiar la homogeneidad (y las hegemonías) a la que propenden las fuerzas de la “modernidad dura” del siglo XIX, pero tengo miedo de estar equivocándome con esta nueva liquidez desamparada. Presiento que trabajo en instituciones "duras" decimonónicas incluyendo perspectivas educativas "líquidas". Poniendo vino nuevo en odres viejos (metáfora neotestamentaria).
Estoy mediatizado y subjetivado por los medios igual que mis alumnos.
En este mismo momento, yo estoy frente al procesador de texto, el cursor parpadea y la pantalla ilumina cada letra que tecleo. Mi conciencia se hace escritura, pero me exige cierta velocidad, por cuanto -en apariencia- pienso más rápido de lo que escribo, y entonces, me encuentro en una situación de rapidez y de escritura: una, sólo perceptiva (para no cometer errores de escritura) y otra, de conciencia (tratando de no cometer errores conceptuales).
Entonces, se me ocurre pensar en los monjes medievales. Ellos habrían sentido el mismo terror al verse avasallados por la nueva tecnología de la imprenta. Si bien la diferencia se encuentra en la fe en el más allá que tenían y la velocidad de cambios de los nuevos medios tecnológicos, considero que estoy en una situación análoga. Cada vez más sorprendido por las nuevas formas mediáticas y a la vez más alejado de mi centro. Antes tenía la seguridad de mi palabra, de mi tiza, del pizarrón, de la disposición de los bancos frente a mí. Hoy desconozco mi palabra, la utilidad de la tiza, de los bancos. Todo es nuevo y yo corriendo de un lugar a otro tratando de llegar a horario, porque aprendí (en el sistema educativo de los profesorados) que hay que dar el ejemplo de la prontitud. Es más no sé si es mía o de otro las palabras que digo (¿qué más da?). Me siento “el otro” y no sé si quiero volver a ser yo.
Conclusión tímida
En definitiva, comparo el uno y el cero. Uno y otro subsisten conmigo o sin mí.
Ahora bien, ¿yo, desde mi lugar/tiempo, qué podría hacer mientras busco y trato de aclarar mi lugar en este flujo inquieto?
Los medios y las formas discursivas de estas tecnologías tienen sus reglas, sus gramáticas, sus morfologías propias y, a su vez, tienen sus ideas y sus concepciones particulares acerca del mundo. Como diría Roland Brarthes tienen sus mitos (lo que se muestra) y sus ideologías (lo que se oculta).
El mundo se ve a través de estos formatos de modo fragmentado y sus rápidos discursos nos facilitan esa visión de la realidad, nos simplifican la manera de entendernos a nosotros mismos. Mastican la realidad, la convierten en espectáculo y nos vomitan sus relatos.
Es necesario, por lo tanto, alfabetizar-nos (y luego –los) acerca de esas gramáticas para poder crear o concebir otros mundos posibles. Los medios nos fagocitan si antes no aprendemos a conocerlos y a dominarlos.
Deberíamos, tal vez, despojarnos de ciertos criterios que han madurado en nuestras conciencias: “vamos a ver qué pasa”. Deberíamos observar que, lo que los niños y los jóvenes hacen con las tecnologías es manejarlas perfectamente, pero no así, las ideologías que los medios difunden.
Acaso en eso consistiría la psicología, en hacer visible aquello que es evidente, pero para eso tenemos que percibir qué es lo evidente.
El planteo es, entonces, comprender los medios, criticarlos, enseñarlos y, de esa manera, formar espíritus críticos, para consolidar conciencias civiles responsables de sus propios consumos.
“La indispensable crítica tanto de los contenidos como de las formas de seducción de los medios audiovisuales sólo resultará válida y socialmente eficaz cuando la escuela sea capaz de insertar esa crítica en un proyecto de cambio educativo de envergadura cultural.” (Jesús Martín-Barbero)
No sé si lo que dice este autor está bien, supongo (y estoy casi seguro) que sí. Pero de todos modos me gusta su planteo, su posición segura, porque hay que probar de todo en la errancia docente, en este vagabundeo dentro de un flujo espacio-temporal que no cesa.
Jorge Aníbal Saucedo
viernes, 22 de enero de 2010
lunes, 30 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Web 3.0
La Web 3.0 y La Educación
En la era de la información, solo avanzan aquellos que utilizan los recursos que la red de redes ofrece, quienes no saben cómo utilizar esta plataforma se perderán, inevitablemente, en el camino. Estas nuevas redes sociales que se comunican en el ciberespacio modifican los procesos de socialización y de aprendizaje, la educación tiene que formar parte de esta realidad y tomar riendas en el asunto, para no quedar como un sistema de aprendizaje obsoleto.
Entendemos que un cambio en la Comunicación es al mismo tiempo un cambio en la Educación, no podemos obviar el impacto que la Web 3.0 tendrá en la educación de las futuras generaciones. Se utilizará a Internet ya no sólo como una herramienta, sino como una plataforma inteligente capaz de entender las necesidades del usuario.
Pero ¿como será el proceso de cambio en la educación tradicional?
¿Ofrece la educación a distancia un aprendizaje más didáctico y eficiente?
¿Qué cambios deberían ser adoptados por el sistema tradicional para obtener mayor provecho de la Web semántica o Web 3.0?
Será la educación del futuro un curso virtual que nos permita interactuar desde la comodidad de nuestro hogar; sin ir más lejos, estamos frente a una ola de convergencia que nos permite compartir información personal, académico, laboral o de interés general. Los microbloggers forman las nuevas redes sociales que acumulan a gran velocidad millones de adeptos, generan cambios en los procesos de socialización y de aprendizaje; generan sus propios foros de discusión y quienes comparten una opinión tienen mayor credibilidad que aquellos que ofrecen un producto.
El proceso de aprendizaje esta siendo modificado también a la par de la comunicación, el uso de la tecnología en la escuela tradicional comienza a ser más usual, desde la utilización de blogs para facilitar materiales escolares; o los foros de discusión que llevan adelante una temática de manera más didáctica, generando pensamiento crítico. La circulación de información académica por este medio perfecciona el sistema tradicional, aportando fluidez y mayor espontaneidad a la resolución de problemas.
Es un tema en desarrollo por lo que es probable que genere controversia entre paradigmas tecnofílicos y tecnofóbicos, pero que seguramente aportará a ambos una realidad que debe ser mirada desde una perspectiva creativa, que avanza a pasos agigantados y continúa modificando el ciberespacio; donde los microbloggs, la educación a distancia y el periodismo electrónico continúan en crecimiento y ofrecen increíble interactividad a los usuarios que los navegan.
Vanesa Koskimies
En la era de la información, solo avanzan aquellos que utilizan los recursos que la red de redes ofrece, quienes no saben cómo utilizar esta plataforma se perderán, inevitablemente, en el camino. Estas nuevas redes sociales que se comunican en el ciberespacio modifican los procesos de socialización y de aprendizaje, la educación tiene que formar parte de esta realidad y tomar riendas en el asunto, para no quedar como un sistema de aprendizaje obsoleto.
Entendemos que un cambio en la Comunicación es al mismo tiempo un cambio en la Educación, no podemos obviar el impacto que la Web 3.0 tendrá en la educación de las futuras generaciones. Se utilizará a Internet ya no sólo como una herramienta, sino como una plataforma inteligente capaz de entender las necesidades del usuario.
Pero ¿como será el proceso de cambio en la educación tradicional?
¿Ofrece la educación a distancia un aprendizaje más didáctico y eficiente?
¿Qué cambios deberían ser adoptados por el sistema tradicional para obtener mayor provecho de la Web semántica o Web 3.0?
Será la educación del futuro un curso virtual que nos permita interactuar desde la comodidad de nuestro hogar; sin ir más lejos, estamos frente a una ola de convergencia que nos permite compartir información personal, académico, laboral o de interés general. Los microbloggers forman las nuevas redes sociales que acumulan a gran velocidad millones de adeptos, generan cambios en los procesos de socialización y de aprendizaje; generan sus propios foros de discusión y quienes comparten una opinión tienen mayor credibilidad que aquellos que ofrecen un producto.
El proceso de aprendizaje esta siendo modificado también a la par de la comunicación, el uso de la tecnología en la escuela tradicional comienza a ser más usual, desde la utilización de blogs para facilitar materiales escolares; o los foros de discusión que llevan adelante una temática de manera más didáctica, generando pensamiento crítico. La circulación de información académica por este medio perfecciona el sistema tradicional, aportando fluidez y mayor espontaneidad a la resolución de problemas.
Es un tema en desarrollo por lo que es probable que genere controversia entre paradigmas tecnofílicos y tecnofóbicos, pero que seguramente aportará a ambos una realidad que debe ser mirada desde una perspectiva creativa, que avanza a pasos agigantados y continúa modificando el ciberespacio; donde los microbloggs, la educación a distancia y el periodismo electrónico continúan en crecimiento y ofrecen increíble interactividad a los usuarios que los navegan.
Vanesa Koskimies
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