domingo, 26 de septiembre de 2010

miércoles, 4 de agosto de 2010

Nuevas Tecnologías y docencia

El siguiente es un link que permite acceder a una nota que resulta interesante de leer. En ella se observan las brechas generacionales y los conocimientos acercas de las NTICs. Por una cuestión de tiempos, reescribí el texto como aparece en su publicación.
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0491/articulo.php?art=23376&ed=0491


"El 60% de los maestros tiene más de 40 años y se lleva mal con Internet
De manera desigual, los gobiernos nacional, provinciales y municipales están aplicando planes para insertar las netbooks en las aulas pero no prestan atención a otro problema grave: la mayoría de los docentes están poco familiarizados con las nuevas tecnologías, como admiten también los propios gremios. El mejor ejemplo es lo que pasa con las comunicaciones entre los maestros: continúan prefiriendo los cuadernos al e-mail. Los pocos relevamientos disponibles corresponden a la Ciudad de Buenos Aires y los especialistas entienden que la situación es peor en el resto del país.

Beatriz es responsable de la administración de una escuela privada del barrio porteño de Belgrano. Cuando quiere comunicar algo a los docentes, deja un cuaderno en la sala de profesores donde cada uno debe firmar después de leerlo. Frente a la pregunta sobre si es conveniente enviar las novedades por mail, Beatriz responde: “No, porque chequean el mail una vez por semana o ni siquiera lo usan”.
Tanto a nivel nacional, como en algunas provincias y ciudades, los gobiernos –conscientes del avance galopante de las nuevas tecnologías– están aplicando planes para insertar las netbooks en el aula.

En la Ciudad de Buenos Aires se está realizando una prueba piloto de lo que será el Plan de Educación Digital. Esta prueba consiste en la capacitación de docentes y en la entrega de netbooks a seis escuelas. Además de la formación docente, desde la Dirección de Incorporación de Tecnologías (Intec), que depende de la Dirección General de Planeamiento, aseguraron a PERFIL que en el plan digital habrá en cada aula un “facilitador pedagógico digital” que asistirá en el diseño e implementación de actividades. “Los capacitadores visitan las escuelas y realizan allí mismo las sesiones de trabajo”, explica la licenciada María Florencia Ripani, directora de Intec.

Silvina Gvirtz, doctora en Educación y directora de la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés, pone el ojo en cómo se forman los capacitadores. “Muchas veces el problema está en la poca capacitación de los que capacitan a los docentes. Hay varios malos diseños de política educativa por parte del Estado, con un modelo de capacitación poco feliz”, opina Gvirtz y advierte: “Es muy importante que los modelos acompañen la incorporación de tecnologías. Hay entregas de computadoras que son ‘computadoras floreros’”.

Más allá de los múltiples proyectos gubernamentales que se encuentran en su fase inicial, la relación actual de la mayoría de los docentes con las nuevas tecnologías preocupa a especialistas y a los mismos docentes.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en 2004 había en la ciudad 74.300 docentes, de los cuales 41 mil enseñaban en escuelas públicas. De este grupo, el 60% tiene más de 40 años. Es decir, son 24.600 los que nacieron, crecieron, se educaron y trabajaron sin Internet.

Ante las consultas sobre la relación entre el manejo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la edad, las opiniones están divididas.
En las capacitaciones del Plan de Educación Digital, las autoridades notaron una relación entre estas dos variables. “Se observaba un grupo de jóvenes con mayor dominio instrumental de la tecnología que los maduros. Además, hubo algunos signos de resistencia a la incorporación de tecnologías en las tareas diarias del aula. Los más jóvenes se mostraban más predispuestos y a los más maduros les resultaba difícil situarse en el nuevo contexto digital de enseñanza-aprendizaje”, comenta Ripani.

Ana María Andrada, que acaba de publicar el libro Nuevas tecnologías de la información y la comunicación” y es directora del Centro Blas Pascal de Informática Educativa, cree que la ausencia de este manejo no siempre es generacional. “También hay jóvenes con un desconocimiento de las nuevas tecnologías”, aclara.

En las clases de Matemática que dicta Agustín de la Cuesta (34) en una escuela pública tienen disponible el aula de Informática sólo una hora cada 15 días. “Los docentes de más de 50 años tienen que adaptarse, hay gente que se adapta y otra que es más reticente. Y, aunque es una minoría, también hay maestros jóvenes que no les interesa ni tienen idea de tecnología”, opina.

Más allá de las edades, se observa en varias escuelas cómo los recursos humanos se manejan por afuera de los últimos avances tecnológicos. Mientras que la mayoría de las ofertas laborales tiene entre sus principales requisitos un dominio básico de la tecnología, el mundillo escolar se mantiene al margen: aulas con pizarrones y tizas, libros de actas para completar con lapicera, alumnos que exponen a la clase con una cartulina y la máxima aproximación al siglo XXI: ver un DVD en el salón de usos múltiples. Así, las herramientas y facilidades que ofrecen las TIC quedan desaprovechadas en muchas escuelas.

“Los docentes en general tienen poco dominio de la tecnología y los que tienen dominio es más por una inquietud personal”, piensa la profesora Andrada.

Mabel Kaprow (56) es la titular de la Secretaría General de Educadores Argentinos (Seduca) y cuenta que fue muy difícil lograr que los alrededor de 3.800 afiliados recibieran la información por correo electrónico. “Cinco años atrás, cuando empezamos a mandar la información por mail y a colgar en la Web el material de estudio, nos miraban con la ceja levantada, no entendían lo que era ‘bajar de la Web’ y no les gustaba manejarse por mail. Logramos que se hicieran una casilla pero casi no la chequean”, cuenta Kaprow. Algo parecido sucede en su instituto de formación.

“Los docentes que cursan no saben ni quieren bajar la bibliografía de la Web, tampoco les gusta recibir el material en CD porque lo quieren en papel para subrayar”, agrega. Kaprow también relaciona esta resistencia con la edad. “Los profesores con más de 50 años no quieren acercarse a las nuevas tecnologías. En cambio, los que tienen entre 40 y 50 se están animando”. Y considerando las edades que suelen tener las autoridades, la secretaria general de Seduca concluye: “Pero es difícil cambiar estos hábitos, sobre todo si tenemos en cuenta que las conducciones abren el mail una vez por semana”.

También existen quienes, obligados por cuestiones laborales que exceden las clases en el aula, deben aprender a usar la tecnología. Casi cuarenta años después de la creación del correo electrónico y 15 desde la primera oferta comercial de Internet en Argentina, son muchos los que recién ahora están experimentando con las posibilidades que dan los softwares, Internet y la computadora.

Tal es el caso del docente Raúl González, secretario de Acción Social de Seduca: “Ahora uso el mail por mi función gremial. Pero los que damos clases en escuelas técnicas normalmente somos más reacios al uso de las tecnologías”.

Claudia trabaja en una escuela pública en Caballito y dice que cada vez que pide material para las carteleras o para algunas publicaciones escolares son varios los profesores que le dan los textos impresos en computadora o incluso manuscritos. “No se dan cuenta de que después lo voy a tener que tipear todo a la hora de diagramar e imprimir, ni se les ocurre enviármelo por mail”, cuenta.

Sergio Romero, secretario general de la Unión de Docentes Argentinos (UDA), calcula que la mitad de sus afiliados tiene computadora. “Todavía hay que trabajar mucho en este terreno. A salarios bajos y costos importantes de material, es una traba que se va a tener que superar”, opina. Sin embargo, para Romero, “la computadora debe ser empleada como un complemento y no debe reemplazar los elementos tradicionales de enseñanza, que son la tiza, el pizarrón y el libro”.

Del mail a los programas educativos. Los especialistas coinciden en que ni siquiera un manejo estándar de las tecnologías sería suficiente para aprovechar los avances en las clases.

Silvina Gvirtz señala que la estrategia para la capacitación debe ir más allá del dominio de la tecnología. “Los docentes no son nativos tecnológicos sino migrantes tecnológicos, y eso marca una diferencia con los alumnos. Aun cuando sean buenos usuarios de la tecnología, tienen que aprender estrategias para trabajar con ella en el aula”, opina Gvirtz, también investigadora del Conicet y consultora externa del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE)-Unesco.

Para el sociólogo Alejandro Artopoulos, profesor e investigador de Educación y Tecnología en la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, el panorama es “bastante desalentador”. Máster en Gestión de la Tecnología y consultor en TICs, educación y desarrollo de IIPE-Unesco, Cepal, PNUD, ministerios nacionales y gobiernos provinciales, Artopoulos afirma: “Por supuesto que hay docentes avanzados e inquietos que usan la computadora para sus clases, pero entre el 50% y el 70% no se sienten cómodos con las tecnologías y están lejos de ellas por diferentes razones. La mayoría tiene casilla de correo pero se sigue manejando con pautas de uso precarias de la tecnología. Tener una cuenta mail implica chequearla todos los días. En lugar del correo electrónico, suelen usar el celular como forma de comunicación más cómoda”.

En cuanto a la manera de instruir a profesores, Artopoulos afirma: “Las capacitaciones que he visto son bastante deficitarias. Hacen un uso instrumental de la computadora, o peor: les enseñan a los maestros las funciones básicas de la computadora y el uso de Office. Ni el Word ni el Excel ni el Power Point fueron pensados para educación, sino para trabajos de oficina. Ya hay varias décadas de desarrollo de software educativo como para ignorar que para cada asignatura existen programas especializados. Pero es difícil enseñarle a alguien que viene trabajando con tiza y pizarrón”.

La profesora Ana María Andrada, especialista en educación y nuevas tecnologías, piensa que las instituciones educativas eludieron el cambio porque implicaba repensar todo el paradigma educativo. “Las instituciones no se han puesto a la altura de las circunsantacias de la época que se vive, considerando que los chicos que reciben son contemporáneos a la era de la información. No se armó un proyecto orgánico para redefinir no sólo los contenidos sino las metodologías”, piensa Andrada. Sin embargo, considera que los planes gubernamentales contribuirán a esta reflexión. “La llegada de las netbooks a las escuelas y el entusiasmo de los chicos van a presionar para que se materialice este cambio”, opina.

A pesar de algún pronóstico sombrío, Artopoulos cree que las instituciones educativas se pueden ir adaptando. “Estamos lejos de hacer una capacitación digna porque no tenemos la experiencia en el país de todos los avances que se han hecho en los últimos años. En un futuro más o menos mediato se puede ir ajustando. Deben realizarse capacitaciones que superen la idea de ‘sólo le tengo que enseñar a usar la computadora’”, opina.

Los especialistas coinciden en que muchas veces se realiza una incorporación instrumental de la tecnología. Sin embargo, los cambios que introducen los recientes avances implican una modificación mucho más profunda.

“En esta nueva modalidad, el modelo de enseñanza tradicional se hace añicos: aparece el aprendizaje colaborativo y el rol del docente se horizontaliza”, afirma Andrada.

Si estos cambios sucedieran, el trabajo de enseñar sería muy diferente. “El docente tiene que reenamorarse de su oficio y para ello es muy importante que tenga lugares donde experimentar”, concluye.

“Las nuevas tecnologías revolucionan el concepto de educación, que está entendido como la transmisión de saberes de la generación adulta a la generación joven. Acá la joven va a saber más que la adulta en algunos casos”, señala Gvirtz y explica que como educador existen dos posiblidades: “Podés inhibir el saber del joven o potenciarlo: mostrar que la relación educativa puede ser inversa, jugar con tutorías en clase, que los estudiantes más avanzados puedan ayudar a los menos. No cambia el rol de adulto del profesor pero sí el lugar del saber”, concluye.

Una idea que prendió entre los políticos
La idea comenzó con Nicholas Negroponte, el gurú de la era digital y profesor del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), cuando en 2005 propuso a las Naciones Unidas promover la distribución gratuita de computadoras portátiles de bajo costo. Su equipo había logrado fabricar laptops por cien dólares, capaces de generar su propia energía eléctrica a través de una manija. Los destinatarios, esta vez, no eran los adultos, sino los niños en edad escolar. Su objetivo era claro: reducir la brecha digital, que estaba separando cada vez más a los países centrales de las naciones subdesarrolladas, y dentro de éstas, a los ricos de los pobres.

La idea tuvo un excelente apego entre las autoridades argentinas, aunque la compra de estas netbooks no se llevaría a cabo a gran escala por problemas en la financiación. Finalmente, cinco años después, el Gobierno lanzó el Plan Nacional de Educación Digital, por el que ya se entregaron 50 mil computadoras a niños de todo el país. El programa promete alcanzar los tres millones de computadoras distribuidas durante los próximos tres años, es decir, a casi todos los niños que acuden a niveles primarios en escuelas públicas. Para la ejecución del programa se invertirán 750 millones de dólares y la fabricación, esta vez, será en Argentina.

Otra iniciativa similar es la que está llevando a cabo el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en mayo realizó la primera entrega de netbooks. La medida del macrismo incluye la distribución gratuita de 170 mil computadoras, lo que representa una inversión de 200 millones de dólares. Para disminuir también la “brecha generacional”, el programa porteño incluye una capacitación especial para los 14 mil docentes de escuelas primarias de la Ciudad.

La idea en nuestro país fue promovida en parte por el Uruguay. Allí, en 2007, comenzó en la ribera este del Río de la Plata la distribución de computadoras a 362 mil alumnos. Además, se capacitaron 18 mil maestros.

viernes, 11 de junio de 2010

Telenovela

http://helios.dci.ubiobio.cl/jorgesanchez/blog/11.%20TRABAJOS%20FINALES/2007%20TRABAJO%20FINAL%20COMUNICACI%D3N%20AUDIOVISUAL.pdf

sábado, 30 de enero de 2010

Pensar las subjetividades mediáticas

EN “MEDIO” DE UNA COMPARACIÓN “SUBJETIVA”

A lo largo de estos últimos años, he estado saltando, a manera de juego, por distintas situaciones emocionales, por distintos momentos históricos, por distintas teorías sesudas, por distintas miradas de la misma situación: Medios y Educación, un sistema binario que lidia por ejercer el poder de el uno (1) sobre el cero (0) y viceversa; y en el medio de esta polaridad, el sujeto, que antes fue objeto-educable y que ahora es una subjetividad.

Desde luego, cada mirada, cada momento histórico, cada teoría tiene un fuerte contexto de situación y de fuerza de enunciación que son inmejorables y que, de hecho, me proponen pensar y re-pensar mi situación frente al aula, y frente al colectivo humano en general.

Entonces, se me ocurrió pensar... si es que esto puede suceder, luego de ser objeto del bombardeo de otros que piensan por mí. ¿Es posible pensar en términos educativos sin pensar en la verticalidad donde hay un emisor que es el que sabe y tiene el poder de decirlo y un otro, receptor, el que aprende?

Evidentemente, desde la Pedagogía sería imposible educar sin verticalidad, aún por fuera de las claves de las sociedades de control.

A lo mejor, seria propicia la nueva ubicación que proponen los medios. Aunque pensándolo mejor, también hay una verticalidad: hay un emisor-medio que sabe, entretiene, tiene opinión, y hay un receptor-sujeto que es entretenido, es pasivo de opiniones. No estoy pensando en el hecho de que este último pueda o no coincidir con dichas opiniones. Es más, sospecho que el emisor no está preocupado por eso, porque la brecha que los separa es justamente el medio y esta mediación hace difícil un acercamiento directo, por más que un observador del medio pueda enviar mensajes, Twitter, WhatsApp, etc. Sigue siendo una estratagema que oculta otra verdad: el medio es unívoco

¿Y pensar la educación desde la mediación psicagógica? Enseñar al/el alma (me gusta este juego de palabras, ¿dativo o acusativo?). Creo que para educar al alma de los nuevos párvulos, habrá que cumplir con algo más. Los/as alumnos/as actuales van a exigirme que muestre el alma.

De hecho, en más de una oportunidad, cuando uno está explicando, por ejemplo, la vinculación entre el Romanticismo literario argentino y Echeverría o Sarmiento, plantean la pregunta y “usted qué opina”, como si mi opinión fuera un modelo a seguir o como si buscaran un modelo a seguir. Pero mi duda arranca desde el mismísimo cuajo cuando tengo que responder, porque yo también al igual que ellos estoy subjetivado por los medios y por ideologías propias y ajenas.

Tendré más o menos información académica, más o menos conocimientos de los medios, más o menos valores que mostrar, pero sigo subjetivado. Por lo tanto, ¿qué puedo enseñar de mí que ellos ya no hayan visto?

Por otra parte, yo, maestro errante, estoy en una situación de pedagogía perpetua. Aún sigo estudiando, aún sigo recurriendo a centros del saber, aún sigo buscando, muy bien no sé qué. Borges ha hecho carne en mí: “34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar…." Estas búsquedas son modulaciones inacabables, a modo de flujo-atemporal.

Crece en mí una suerte de inmadurez insaciable. Quiero conocer al que está en frente de mí, pero, por otra parte, no deseo perder mi lugar de “poder”, por cuanto tengo en mi voz la fuerza de la autoridad conferida por el Estado, tengo el poder de dosificar el conocimiento. Y por otro lado, tengo un deseo angustiante de cambiar la homogeneidad (y las hegemonías) a la que propenden las fuerzas de la “modernidad dura” del siglo XIX, pero tengo miedo de estar equivocándome con esta nueva liquidez desamparada. Presiento que trabajo en instituciones "duras" decimonónicas incluyendo perspectivas educativas "líquidas". Poniendo vino nuevo en odres viejos (metáfora neotestamentaria).

Estoy mediatizado y subjetivado por los medios igual que mis alumnos.

En este mismo momento, yo estoy frente al procesador de texto, el cursor parpadea y la pantalla ilumina cada letra que tecleo. Mi conciencia se hace escritura, pero me exige cierta velocidad, por cuanto -en apariencia- pienso más rápido de lo que escribo, y entonces, me encuentro en una situación de rapidez y de escritura: una, sólo perceptiva (para no cometer errores de escritura) y otra, de conciencia (tratando de no cometer errores conceptuales).

Entonces, se me ocurre pensar en los monjes medievales. Ellos habrían sentido el mismo terror al verse avasallados por la nueva tecnología de la imprenta. Si bien la diferencia se encuentra en la fe en el más allá que tenían y la velocidad de cambios de los nuevos medios tecnológicos, considero que estoy en una situación análoga. Cada vez más sorprendido por las nuevas formas mediáticas y a la vez más alejado de mi centro. Antes tenía la seguridad de mi palabra, de mi tiza, del pizarrón, de la disposición de los bancos frente a mí. Hoy desconozco mi palabra, la utilidad de la tiza, de los bancos. Todo es nuevo y yo corriendo de un lugar a otro tratando de llegar a horario, porque aprendí (en el sistema educativo de los profesorados) que hay que dar el ejemplo de la prontitud. Es más no sé si es mía o de otro las palabras que digo (¿qué más da?). Me siento “el otro” y no sé si quiero volver a ser yo.

Conclusión tímida

En definitiva, comparo el uno y el cero. Uno y otro subsisten conmigo o sin mí.
Ahora bien, ¿yo, desde mi lugar/tiempo, qué podría hacer mientras busco y trato de aclarar mi lugar en este flujo inquieto?

Los medios y las formas discursivas de estas tecnologías tienen sus reglas, sus gramáticas, sus morfologías propias y, a su vez, tienen sus ideas y sus concepciones particulares acerca del mundo. Como diría Roland Brarthes tienen sus mitos (lo que se muestra) y sus ideologías (lo que se oculta).

El mundo se ve a través de estos formatos de modo fragmentado y sus rápidos discursos nos facilitan esa visión de la realidad, nos simplifican la manera de entendernos a nosotros mismos. Mastican la realidad, la convierten en espectáculo y nos vomitan sus relatos.

Es necesario, por lo tanto, alfabetizar-nos (y luego –los) acerca de esas gramáticas para poder crear o concebir otros mundos posibles. Los medios nos fagocitan si antes no aprendemos a conocerlos y a dominarlos.

Deberíamos, tal vez, despojarnos de ciertos criterios que han madurado en nuestras conciencias: “vamos a ver qué pasa”. Deberíamos observar que, lo que los niños y los jóvenes hacen con las tecnologías es manejarlas perfectamente, pero no así, las ideologías que los medios difunden.

Acaso en eso consistiría la psicología, en hacer visible aquello que es evidente, pero para eso tenemos que percibir qué es lo evidente.

El planteo es, entonces, comprender los medios, criticarlos, enseñarlos y, de esa manera, formar espíritus críticos, para consolidar conciencias civiles responsables de sus propios consumos.
La indispensable crítica tanto de los contenidos como de las formas de seducción de los medios audiovisuales sólo resultará válida y socialmente eficaz cuando la escuela sea capaz de insertar esa crítica en un proyecto de cambio educativo de envergadura cultural.” (Jesús Martín-Barbero)
No sé si lo que dice este autor está bien, supongo (y estoy casi seguro) que sí. Pero de todos modos me gusta su planteo, su posición segura, porque hay que probar de todo en la errancia docente, en este vagabundeo dentro de un flujo espacio-temporal que no cesa.

Jorge Aníbal Saucedo

NTIC y Escuelas

¿Cómo pensar nuevos puentes entre los grandes cambios (y constantes) de las tecnologías y los conocimientos que formará a las generaciones ...